Según un estudio presentado hace unos días por la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) y realizado junto con otras asociaciones de consumidores y usuarios de Europa valora muy negativamente a las compañías aéreas españolas, así como a los aeropuertos.
La encuesta que se realizó entre más de 8.600 viajeros de España, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Portugal y que evaluaba la calidad de los servicios ofrecidos por 110 compañías aéreas y 165 aeropuertos en todo el mundo, coloca a 9 aerolíneas españolas entre las 25 peores. De hecho, dos de ellas Air Madrid y Air Plus Comet, del Grupo Marsans, ocupan los dos últimos lugares con una not

En cuanto a los aeropuertos, el mejor valorado ha sido el de Fuerteventura en el puesto 17 y el peor, otro canario, el de Tenerife Norte, en el 111 de 167. También están muy mal valorados Zaragoza y Santander. Madrid-Barajas, Barcelona-El Prat, Palma de Mallorca o Málaga, se sitúan en la parte media de la clasificación. La clasificación mundial la encabeza el aeropuerto de Kuala Lumpur, capital de Malasia, seguido del de Singapur y el de Hong Kong. Los mejores aeropuertos europeas son los del norte del continente encabezados por el de Dusseldorf y Helsinki.
Las incidencias y quejas más habituales de los pasajeros son los retrasos en los vuelos, los problemas con el equipaje y el 'overbooking', que se sitúan a la cabeza de la lista, según la encuesta de la OCU. Según sus datos uno de cada cuatro vuelos sufre retraso, pero el 28% de los casos el retraso fue de al menos dos horas y en
el 6 por ciento de cinco horas o más. El retraso medio en los grandes aeropuertos es de 77 minutos muy similar a los 70 de los pequeños. Otro grave problema es la pérdida o daño en los equipajes, que lo sufren el 7% de los pasajeros. El embarque por falta de plazas se denegó en un 1% de los casos. Una de las obligaciones de la compañía en este caso es buscar voluntarios que cedan su plaza a otros que tienen más urgencia, sin embargo, en más de la mitad de los casos la legislación no se respetó. Tan sólo 4 de cada 10 pasajeros que sufrieron "overbooking" recibieron comida y una compensación económica, como señala la normativa.

Además, la OCU se propuso comprobar si existía diferencia entre la tarifa inicialmente anunciada por una compañía aérea en su página web y el precio final, incluidas las tasas y otros suplementos. Al final, se concluyó que es tal la proliferación de suplementos que se hace casi imposible averiguar cuánto cuesta un vuelo antes de comprarlo.

En España, el 34% de los entrevistados adquirió sus billetes por Internet, el porcentaje más alto de todos los países del estudio. También se constató en el estudio que las compañías aéreas y agencias en la Red prefieren anunciar un precio base barato y a continuación dar información sobre los suplementos, lo cual dificulta a los consumidores la comparación de precios.
La OCU considera que esta falta de transparencia es "escandalosa" y solicita a la Comisión Europea y a las autoridades españolas que obliguen a las compañías a anunciar el precio definitivo de los billetes antes de iniciar la contratación. En concreto, la OCU demanda la adopción de una reglamentación general que prevea que el precio y tarifa indicada o sea el precio final que pagará el consumidor. Del mismo modo, solicita que se analicen la naturaleza e importe de los suplementos que se cobran para impedir cualquier abuso.
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